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EXPERIENCIA EMOCIONAL Y PERSONALIDAD I: EMOCIÓN, REACCIÓN EMOCIONAL Y EXPERIENCIA EMOCIONAL


Juan, un cliente de mediana edad, acude a consulta con un fuerte malestar emocional por un suceso acaecido el pasado fin de semana. Mientras disfrutaba de una velada en compañía de varias personas y de sus respectivas parejas, todos amigos menos uno de ellos, que era desconocido para Juan, en un momento dado, los amigos se fueron a un recado sin contar con Juan, siendo la pareja del desconocido quien le convida a acompañarles, aunque ya era tarde. En ese momento, todo cambio para Juan, comenzó a pensar: “menudo desplante me han hecho”, “es intolerable que mis amigos no cuenten conmigo y que piense en mí quien ni siquiera me conoce”, ”si me apreciaran, entonces me hubieran avisado para acompañarles”, comenzó a sentirse cada vez más aireado y enfadado, a percibir más agravios en los actos de sus amigos, lo que a su vez aumentaba los pensamientos negativos sobre las situaciones que le iban sucediendo, con el aumento consecuente de su enfado. Juan entonces decidió mostrar su enojo, pero no de la forma más adecuada para solucionar su problema, pues optó, como otras tantas veces en el pasado, por mostrarse distante y frío, pero sin abordar el origen del conflicto. La respuesta del amigo fue aumentar su atención hacia Juan, ya que le empezó a preguntar por lo que le pasaba, a lo que Juan reaccionaba pensando “si me apreciara sabría el por qué” y respondiendo con indiferencia o de forma seca incrementando consiguientemente su malestar. Con lo que el círculo vicioso de Pensamiento-sensaciones-conducta, no sólo se mantiene, sino que empeora con el paso del tiempo.

Es muy común, como en el caso de Juan, por un lado, otorgar a nuestros pensamientos y sentimientos un excesivo grado de verdad, respecto a la información que aportan sobre una determinada situación y, por otro, responder a la información emocional en lugar de hacerlo a la situación real que acontece.

Si se siente miedo (temblor, palpitaciones, tensión…) se suele pensar que el objeto o persona, con la que se interactúa, es peligroso, lo que nos impulsa al alejamiento de la persona u objeto, sin embargo, tener miedo a la oscuridad no convierte a la oscuridad en peligrosa.

Si se piensa que una situación puede ser amenazante entonces empezaremos a anticipar posibles consecuencias negativas de dicha situación y nos impulsará a evitar la situación, pero que yo anticipe ante un dolor abdominal que estoy muy enfermo, que va a ser un cáncer y que voy a morir, no lo convierte en un cáncer.

Huelga añadir, y resaltar, que las emociones, de forma paradójica a lo comentado, cumplen una importante función para la supervivencia, ya que actúan como sistemas de alarma que nos dan información sobre la presencia, en el entorno, de estímulos significativos para la supervivencia y sobre cómo actuar para sacar el máximo beneficio con el menor coste. De manera que, por ejemplo, el miedo señala la presencia de un peligro inminente y nos impulsa a escapar, la ansiedad indica la existencia de un posible peligro futuro, lo que nos lleva a prepararnos para la acción o evitarlo, la ira señala que estamos siendo atacados y nos empuja a defendernos, la alegría indica la existencia de la posibilidad de satisfacer alguna necesidad o de obtener algo valorado y nos lleva a un acercamiento. Las emociones pueden actuar como detectores, como alarmas, gracias a que facilitan el aprendizaje de eventos significativos para la supervivencia, actuando a modo de pegamento que une, o asocia, los estímulos presentes en la situación (objetos, personas, palabras, sensaciones, pensamientos), a las conductas que la emoción impulsa (lucha, huída, evitación, escape) y a las consecuencias de dichas conductas (satisfacción de necesidades, obtención de refuerzos, evitar castigos o daños…).

Así, a pesar de que la naturaleza nos ha dotado de las emociones, un mecanismo de alarma que detecta los eventos relevantes para la supervivencia y nos proporciona maneras de funcionar en el mundo altamente adaptativas (sentimos algo y hacemos algo como respuesta que ya funcionó), este mecanismo de alarma, que son las emociones, no borra la información que está ya registrada cuando entra una nueva, sino que escribe encima, por lo que en muchas ocasiones funciona desfasadamente al activarse ante estímulos que actualmente no son tan relevantes para la supervivencia como lo fueron cuando éramos niños.

Para entender la experiencia emocional es necesario no confundir emoción con reacción emocional. La emoción no es sinónimo de reacción emocional, sino que es el origen de la última, y dura unos segundos, a diferencia de la reacción emocional que dura minutos, horas, días, meses e incluso años. Imaginaos una situación en la que un vehículo se acerca hacia ustedes a toda velocidad, en milisegundos su corazón se acelera y su cuerpo envía la sangre a los grupos musculares encargados de la huída y, de un salto casi inmediato, se apartan de su trayectoria, pasa el peligro y vuelven a la normalidad, sin embargo, lo común es que duren mucho más las emociones, ya que tras el peligro pueden permanecer sensaciones como taquicardia y pensar que nos va a dar un ataque, o podríamos elaborar los pensamientos creando conversaciones con nosotros mismos sobre el problema acontecido y tomemos la decisión de no volver a pasar por ahí.

Conocer los componentes de la emoción (fisiológico, cognitivo y comportamental) te puede ayudar a entender cómo se alimentan las emociones incrementando su intensidad y duración y constituyendo lo que lamamos reacción emocional. Las emociones se manifiestan de forma difusa, como una mezcla de sentimientos, y un pensamiento automático asociado a la emoción, que nos impulsan a actuar, sin embargo la reacción emocional es la respuesta a la emoción, es decir, es la elaboración o rumiación de ese pensamiento automático, que procede de la información desfasada registrada en el sistema de alarma emocional, o es una interpretación de las sensaciones corporales como fuente fiable de información catastrofista.

¡¡¡LAS EMOCIONES NO SON PROBLEMÁTICAS, LO SON LA FORMA EN QUE REACCIONAMOS A LAS MISMAS!!!

Tras lo comentado se puede descomponer la experiencia emocional en tres componentes: una situación (A) que genera una reacción emocional (R) en forma de pensamientos (catastrofistas, agresivos, pesimistas…), sensaciones desagradables (etiquetadas como de vacío, rabia, miedo, inseguridad, preocupación, rechazo, desconfianza, desesperanza, incertidumbre…) y comportamientos dirigidos a reducir el malestar (evitar, escapar….), la cual tiene consecuencias (C) que afectan a la situación y a la reacción emocional incrementando su intensidad y duración o disminuyéndolas, entre otras consecuencias negativas a largo plazo como por ejemplo la disminución de la autoestima o el deterioro de las relaciones personales.

Para entenderlo mejor retomemos el caso de Juan en el que una situación cotidiana agradable, como pueda ser el pasar una tarde entre amigos o una comida en pareja, se puede tornar aversiva y desagradable por algo nimio, a lo que se responde de forma excesiva o desproporcionada a los ojos de terceras personas, o a los propios ojos pasado un tiempo, así Juan con sus pensamientos aumentaba su activación lo que le impulsaba a responder de forma arisca con la consiguiente consecuencia de un distanciamiento de sus amistades y un aumento del malestar y los pensamientos que se retroalimentan aumentando las conductas de distanciamiento y hostilidad, en definitiva se entra en un círculo vicioso del que solo se sale cambiando algunos o todos los componentes de la experiencia emocional y/o de la reacción emocional, cuando sobre la situación no tenga control.

¡¡¡NO PUEDES CONTROLAR LA DIRECCIÓN DEL VIENTO PERO SÍ PUEDES CAMBIAR LA DIRECCIÓN DE TUS VELAS!!!

En cuántas ocasiones os habéis sentido molestos/as por una mirada, una sonrisa o gesto mal considerados o un comentario, quizá algo desafortunado. Queda patente que las situaciones no tienen la propiedad intrínseca de provocar emociones por sí mismas, recordad que el que yo sienta miedo en la oscuridad, no la convierte en peligrosa, prueba de ello es que no todos tenemos la misma reacción emocional ante la misma situación (no todos responden con miedo a la oscuridad) por lo que no es la oscuridad la causante del miedo.

En el próximo post trataremos el por qué la persona interpreta cada persona de una forma muy diferente la misma situación, siendo la interpretación de la situación y no la situación por sí misma la que genera la reacción emocional.


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