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Niños dolientes I: Comunicación con niños y adolescentes en duelo. Niños menores de 9 años.


La muerte de un ser querido implica un gran dolor y sufrimiento, requiriendo, independientemente de la edad que se tenga, de un periodo de ajuste para aceptar la propia vida sin la persona amada, lo que se conoce como duelo.

Los adultos conocemos el dolor que implica la muerte, algo que asusta, y en consecuencia es normal buscar el imposible de los imposibles: proteger a los pequeños de un sufrimiento que forma parte de la propia vida, que se encuentra en su día a día en forma de pérdidas de mascotas, en los cuentos, vídeojuegos o películas, y que tarde o temprano se enfrentarán a la muerte de un ser querido en algún momento de su vida.

Así, los niños y adolescentes también pasan su duelo, si bien su comprensión de la muerte, en la primera y segunda infancia, dista del concepto de muerte de los adultos, progresivamente se van a ir enfrentando a diferentes pérdidas que les acercarán a la comprensión que poseemos los adultos por mucho que se les quiera proteger.

Sobreproteger a nuestros niños metiéndoles en una burbuja de cristal, aislándoles de la realidad, no les ayuda en nada, muy al contrario dificulta su elaboración del duelo.

A esta dificultad para facilitar el duelo de los más pequeños subyacen el miedo y el desconocimiento de cómo hablar de la muerte, y una serie de ideas equivocadas sobre la vivencia de las pérdidas en niños, como que los niños no comprenden el significado de la muerte, que no se dan cuenta de lo que implica, que es mejor no hablar delante de ellos de la muerte, que hay que protegerlos del dolor y sufrimiento…. Este miedo a tratar un tema tan delicado, a no causarles más dolor del necesario a los niños, y estas ideas equivocadas sobre la comprensión de la muerte por parte de los más pequeños, inducen a los adultos a evitar tratar el tema o a tratarlo de forma inadecuada, empleando algunas frases que no se deberían utilizar con niños menores de 9 años ya que podrían dificultar su duelo, como por ejemplo:

- "Se ha ido muy lejos y no volverá en mucho tiempo" (puede pensar que le abandonó y que es un castigo por algo que hizo, por lo que puede sentirse culpable)

- "Se murió cuando fue al hospital" (puede pensar que en los hospitales se mata a la gente enferma y coger miedo a los hospitales)

- "se murió porque estaba enfermo" (puede pensar que si enfermas mueres por lo que se angustiaría ante cualquier enfermedad)

- "se ha ido de viaje" (puede enfadarse por no regresar y esperara que regrese algún día prolongando el malestar)

- "ha subido al cielo (esperará verlo en una nube o al viajar en un avión, o manifestará su intención de ir al cielo a visitar a su familiar. Además si es enterrado le costará entender el concepto de cielo como lugar físico, es mejor hablarle de cuerpo sin vida no funcional, ya no necesita comer, beber, dormir...)

- "se ha ido con dios" (se puede favorecer la aversión a dios y lo verá como algo maligno que no le permite ver a su familiar. Le aterrorizará la posibilidad de que dios haga lo mismo con él o cualquier familiar, las creencias religiosas deben introducirse con precaución)

- "está dormido" (desarrollará pesadillas y miedo a dormir por si muere él también. Evitará ir a la cama por creer que es peligroso dormir)

La comunicación con los niños y adolescentes debe seguir unas premisas y objetivos:

- adecuar el discurso a su edad y comprensión, teniendo en cuenta que al concepto de muerte como lo entendemos los adultos (algo universal, irreversible y permanente, con una causalidad y sin funcionalidad) se adquiere a partir de los 9 años, antes se considera como algo temporal y reversible, estando su comprensión determinada por el tipo de pensamiento que corresponde a las diferentes etapas del desarrollo del niño. No es raro escuchar a menores de 6 años hacer preguntas que pueden resultar chocantes o que hacen entrever una falta de comprensión del significado de la pérdida, por ejemplo, un niño de 5 años que perdió a su hermano adolescente preguntó a su padre que cómo iba a estudiar el tato ahora en el cielo.

- decir siempre la verdad, jamás se les debe mentir, los adultos somos una fuente de confianza y seguridad cuya falla puede hacer tambalear sus cimientos en la confianza en sí mismo o los demás, marcando sus relaciones futuras con otras personas.

- facilitar la expresión de su experiencia emocional, los niños pueden mostrar curiosidad, miedo, culpa, ansiedad debido a su construcción de la realidad con información inadecuada, para evitar que obtengan información errónea que les cause un dolor innecesario es importante darles la información correcta respondiendo a todas sus dudas pero sin dar más información de la que pidan y no demorar la noticia del fallecimiento.

- intentar mantener las rutinas de los menores

En próximos post explicaré de forma más específica las características y recomendaciones para dar malas noticias según las diferentes edades. Responderé a Cómo, Cuándo, Dónde, Quién y Qué decir para notificar un fallecimiento a los menores.

EL DOLOR POR UNA PÉRDIDA NO SE PUEDE ELIMINAR NI MITIGAR, PERO SI EVITAR QUE SE HAGA MÁS GRANDE DE LO QUE YA ES


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