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NIÑOS DOLIENTES II: EL DUELO EN MENORES DE 0 A 3 AÑOS


Como se comentó en el anterior post, todos pasamos un duelo cuando sufrimos la pérdida de un allegado, independientemente de la edad que se posea, y también se hizo mención de cómo la forma de recibir la noticia del fallecimiento tiene un impacto en el proceso de duelo, de forma que, aunque el dolor no se puede eliminar de ninguna forma, sí se puede incrementar y dificultar el duelo de los peques si no se informa de forma adecuada.

Las fuentes de información inadecuada son muy variadas según la edad, hallándose en las innumerables frases hechas y estereotipadas asociadas al duelo y en las explicaciones confusas que se les suelen dar a los niños, como por ejemplo "cumplió su misión", "ahora está con Dios", "se ha ido lejos y no volverá", "se puso enfermo y murió", "fue al hospital y murió", "se ha ido de viaje", "ha subido al cielo"…, pues los niños son muy literales en la comprensión de estas explicaciones, lo que les lleva a confusión.

La comunicación, como se decía, tiene que adecuarse a la edad y comprensión del concepto de muerte del menor, no se debe demorar en el tiempo, debe de facilitar la expresión emocional, debe ser honesta, no se les miente y se responde a todas sus dudas pero sin dar más información de la que solicitan.

Veamos las características de los niños de 0 a 3 años, para entender así sus respuestas de duelo y su comprensión del concepto de muerte, con el fin adecuar nuestras interacciones con el menor, facilitando su duelo.

De los 0 a los 2 años los niños no comprenden el significado de la muerte y su lenguaje es principalmente emocional. En esta etapa son muy sensibles a los cambios ambientales y expertos captando la información no verbal del entorno, percibiendo la ansiedad de los adultos, lo que implica que debemos cuidar de nuestros gestos, tono de voz,… cuando estemos en presencia de los menores para no transmitir nuestra ansiedad.

Cuando viven una situación altamente estresante, aunque no son capaces de describir lo que pasa verbalmente, son capaces de recordar olores, sonidos, colores o escenas que se asocian a su sistema de alarma emocional reactivando su malestar en situaciones futuras o pueden ser incorporados años después en sus juegos, dibujos, fantasías…, lo que indica que el impacto a edades tempranas se prolonga en el tiempo y necesita darse salida a ese malestar emocional.

Es una etapa de aprendizaje, aprenden a confiar en los demás, en el entorno y, sobre todo, en la madre, principal figura de apego, y en consecuencia también aprenden el miedo a los extraños y adquieren la respuesta de ansiedad por la separación o ausencia de sus figuras de apego.

El malestar asociado a la separación, sobre todo si ésta es maternal, lo experimentan con gran intensidad y, aunque como se ha dicho no lo pueden verbalizar, lo pueden manifestar en forma de inquietud, rechazo de nuevas figuras de apego, llanto inconsolable, irritabilidad, disminución de la actividad o problemas de sueño y alimentación.

Respecto a su comprensión del concepto de muerte, como se ha dicho, no lo comprenden, pero hacia los 2 años ya poseen cierta comprensión precaria de las pérdidas, gracias a sus experiencias tempranas de separación de la figura de apego, por lo general mamá y papá.

De forma que, hasta los 3 años, la muerte de un ser querido, sobremanera si es su madre, producirá un impacto al no recibir las atenciones que recibía habitualmente, afectándole negativamente el no estar con sus padres o el estar en un ambiente con una estimulación diferente (voces nuevas, cambio de rutinas, sonidos fuertes, cambio horarios).

Por lo que en esta etapa es recomendable que se mantengan sus rutinas, volviendo a recuperar sus hábitos lo antes posible, y cuidar los gestos y tono de voz en presencia del niño o niña, pues captan la ansiedad de los adultos y de su entorno, asumiéndola como propia.

Así mismo, aunque se recomienda como norma general que no asistan al funeral los menores de 7 años, es preferible que vayan al velatorio o funeral a tener que quedarse con desconocidos y separarse de sus figuras de apego.

A partir de los tres años comienza una etapa del desarrollo con unas características muy diferentes que requieren también una actuación muy diferente, lo que veremos en el próximo post.


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