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NIÑOS DOLIENTES III: HABLANDO DE LA MUERTE CON NIÑOS DE 3 A 5 AÑOS.


Tratar el tema de la muerte con niños de 3 a 5 años resulta harto complicado para los adultos, en ocasiones, la familia o comunidad educativa, no saben cómo actuar, y se suelen guiar por mitos falsos, como por ejemplo que los niños no van a entender las explicaciones y les vamos a causar un dolor innecesario o que no se entristecen por la desgracia ya que no entienden lo que implica la muerte. Estos falsos mitos llevan a los adultos a evitar hablar del tema o a dar información que no comprenden los más pequeños.

Es cierto que el desarrollo cognitivo va influir en su comprensión de lo que implica la muerte de un ser querido y en las explicaciones y significado que le pueda dar a la misma.

Desde los 3 años hasta los 5 años no tienen miedo a la muerte pues la conciben como algo temporal, reversible, similar al sueño, de donde puedes regresar. Para ellos no es un final, de hecho, lo comprueban una y otra vez mediante los protagonistas de sus dibujos animados preferidos, que mueren y reaparecen en otros capítulos, o con sus muñecos, que los matan y reviven continuamente en sus juegos.

Sin embargo, pese a no tener miedo a la muerte, sí lo tiene al abandono, y su primera reacción ante una pérdida será preguntarse si lo causó él, si le pasará a sus otros seres queridos, y quién le cuidará a partir de ahora, seguida a dicha reacción comienza su búsqueda de respuestas que, mal dadas, pueden llevar a que se instaure en el menor un sentimiento de abandono y vivir la pérdida como un castigo. Por este motivo, es especialmente necesario ofrecerles información adecuada a su edad, que no favorezca la generación de fantasías que aumenten el sufrimiento del menor.

Como hemos comentado, el desarrollo cognitivo de los niños influye en su comprensión de la muerte y afecta a la respuesta que dará ante la pérdida. Veamos cuáles son esas características del desarrollo.

A los tres años comienza a desarrollarse el pensamiento simbólico, por el cual pueden ya representar la realidad en los juegos, dibujos o cuentos. Es un pensamiento egocéntrico (todo gira en torno a su punto de vista, no concibiendo que lo que a ella le gusta no le guste a otro, por ejemplo, se tapa la cara como si eso la convirtiera en invisible) y mágico (cree que si piensa o desea algo entonces ocurrirá, por ejemplo, si deseó que su padre se fuera y después falleció, puede creer que fue él quien le mató o pensar que como desea que vuelva y no vuelva se le está castigando por hacer algo malo).

Asimismo, los niños no han desarrollado un sentido de futuro como el que poseemos los adultos, por lo que hablarles en términos temporales (la semana pasada, para siempre…) les resultará muy confuso siendo más adecuado emplear términos espaciales asociados a sus rutinas de forma concreta, como por ejemplo, el momento del baño, del parque…).

En esta etapa, de los 3 a los 6 años, su desarrollo del lenguaje verbal les permite adquirir un sentido de rechazo, abandono e inseguridad y hacer preguntas concretas sobre actividades de los vivos que no entienden como harán estando muertos, como comer o ir al baño, estas preguntas las pueden repetir una y otra vez, pues se les olvida con facilidad las respuestas que se les dan. Por lo que se les deben repetir las respuestas cuantas veces hagan falta.

Otro aspecto a tener en cuenta son sus fuertes reacciones emocionales, su falta de habilidades para autorregularse y autoprotegerse, les hace vulnerables a los cambios en su mundo seguro, reaccionando a estos cambios con gran intensidad y pudiendo generarles indefensión o incapacidad para protegerse, inseguridad o miedo, incomprensión, rechazo, tristeza, culpabilidad, incertidumbre, conductas regresivas (chuparse de nuevo el dedo, pedir que les den la comida o vistan, dejar de controlar los esfínteres), problemas de sueño y de alimentación y rabietas….

Este sentimiento de abandono, o inseguridad, empujará a los menores a buscar la seguridad y consuelo en los adultos del entorno, a hacer preguntas ante sus dudas, pero éstos ya comprenden que la muerte da miedo a los adultos, dándose cuenta de que con sus preguntas entristecen a los demás y pueden sentirse culpables.

Resumiendo lo expuesto, los niños de 3 a 5 años no temen a la muerte pues no entienden su irreversibilidad, para ellos es como dormir. Pero poseen un agudo sentido del abandono, cuyo malestar asociado, junto con su curiosidad por la muerte, les empujará a buscar explicaciones en el entorno mediante preguntas que, si son respondidas, repetirán una y otra vez por su mala memoria, a no ser que perciban que con sus preguntas entristecen a los adultos, entonces dejarán de preguntar, pero no de buscar explicaciones, las cuales les harán sentirse culpables, o temer quedarse solos y que nadie les cuide, debido a su gran facilidad para hacer interpretaciones equivocadas al confundir fantasía y realidad.

Por lo que se les debe de responder a todas las preguntas evitando que se sientan culpables y aclarando sus dudas, dudas que giran en torno a actividades concretas de los fallecidos, por lo que las respuestas también deben de adecuarse a estos aspectos concretos, recuerden que no entienden el término “para siempre”. De forma que ante la pregunta “¿tú también me vas a dejar como papá?” contestarle “yo siempre estaré contigo” no resulta adecuado, es recomendable contestar aspectos concretos, como: “ahora estoy contigo ¿verdad amor?, y te voy a contar el cuento de dormir (que te contaba papá por la noche) después de que cenemos, y te voy a llevar al cole…”. Huelga añadir, siendo válido para cualquier edad, que es muy recomendable retomar las rutinas previas a la defunción lo antes posible.

En las explicaciones conviene hacer hincapié en la causa y no funcionalidad del cuerpo cuando se muere, para que no se sientan culpables o se creen fantasías. Para tratar las causas se recomienda el uso de superlativos, por ejemplo si ha fallecido por enfermedad, decirles que estaba muy muy muy muy enfermo o si ha fallecido por accidente que se dio un golpe muy muy muy muy fuerte, remarcando el “muy” para que lo distingan de una enfermedad o golpe leve de uno grave y no teman ponerse enfermos o darse un golpe en la bicicleta. Para tratar la no funcionalidad se recomienda la descripción de aspectos concretos de lo que no se hace después de muerto, por ejemplo, no tiene frío, ni hambre, ni sueño.

Recuerden que una de las máximas para facilitar el duelo es favorecer la expresión emocional, por lo que no se deben de ignorar o castigar sus juegos o sus preguntas por absurdas que para los ojos adultos parezcan, es más, en estas edades son una ayuda, tanto los cuentos, como las marionetas o juegos, que no debes desestimar para ayudarles a expresar cómo se sienten y viven las pérdidas.

En el próximo post trataremos una etapa del desarrollo particularmente complicada para asumir una pérdida,.


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