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MANEJANDO LAS RABIETAS INFANTILES


Muchos padres se sorprenden con el cambio que ven en sus hijos hacia los dos años, cuando empiezan a aparecer sus rabietas. No siendo difícil escucharles comentarios del tipo: “se ha vuelto un mañoso”, “ha sacado un carácter...”, “es un malcriado”, “llora sin consuelo, se ha vuelto muy llorón”.

Lo primero es tranquilizar a esos papás y esas mamás, porque las rabietas forman parte del desarrollo de los peques. Sí, así es, las rabietas son normales, son la forma, aunque inmadura, de expresar malestar o enfado, que aparece hacia los 18 meses y tiende a ir desapareciendo hacia los 3-4 años, con el desarrollo del lenguaje que les permite un mayor control de sus impulsos. Este es el proceso normal pero, si las pataletas se gestionan de manera inadecuada por parte de los cuidadores, pueden prolongarse más tiempo del debido y con una mayor intensidad de la esperada para la edad.

Para entender las pataletas y poder gestionarlas, primero debemos entender porque se producen. En esta etapa, el niño actúa movido por dos fuerzas en apariencia opuestas, por un lado necesitan de nuestra atención constante pero, por otro, disfruta de la autonomía en sus actividades (quiere comer solo, vestirse solo…, hacer todo solo), de forma que, su necesidad de independencia choca con sus limitaciones y con los límites que los papás les ponen (no te subas, no cojas eso…), lo que les causa frustración y malestar que, por su alta impulsividad y sus limitaciones en el lenguaje, no saben gestionar ni expresar de otra manera que mediante llanto, golpes, gritos…, lo que viene a ser una pataleta.

Por lo general, los padres suelen ceder a sus peticiones ante tan duros arrebatos, por lo que el peque pronto aprende que la rabieta es una poderosa estrategia para conseguir lo que quiere (atención, juguetes, tiempo de juego, irse a otro sitio…). Este aprendizaje puede mantener en el tiempo un comportamiento, en principio normal que forma parte del desarrollo, transformándolo en un problema para el peque con el tiempo.

En resumen, las pataletas o rabietas son normales y muy comunes de los 2 a los 3 años, momento en el suelen empezar disminuir en frecuencia e intensidad, y se pueden producir por distintos motivos:

  • La necesidad de independencia, característica de esta etapa del desarrollo, que empuja a explorar y conocer sus posibilidades, pero al tolerar todavía mal el no conseguir algo o que se entrometan en sus propósitos, la pataleta se convierte en el modo de reivindicar que se le deje actuar a su aire.

  • La negación de algo o la no aceptación de la norma. En esta etapa las normas y negaciones las asume de mala forma y la pataleta es su forma de expresar su malestar ante ella y de intentar romper los límites que se le imponen. Basta decir no hagas eso para que lo hagan ¿verdad?

  • Método para llamar la atención, a los 2 años aprenden que las pataletas son su mejor herramienta para pedir la atención de los adultos, recordad que sus capacidades lingüísticas son limitadas y en su defecto emplean la pataleta. La mala gestión de las pataletas puede devenir en el aprendizaje de que la rabieta es un “superpoder” que sirve para conseguir lo que se quiere.

  • Las necesidades básicas insatisfechas: estados de enfermedad, dolor, sueño, hambre, cansancio… pueden aumentar la probabilidad de las rabietas, pues, como se ha comentado, no tienen las habilidades para manifestar de otra forma su malestar.

Como las pataletas son comunes a todos los niños de 2 años y, con una buena gestión por parte del entorno, suelen desaparecer a los 3 ó 4 años, se hace imprescindible actuar desde el momento en el que aparezcan manejándolas de forma que se evite el mantenimiento de las pataletas en el tiempo y que los peques ganen auto control y una actitud proactiva frente a la frustración, que les permita expresar su enfado y frustración de formas más adecuadas.

Algunas recomendaciones para prevenir las pataletas:

EMPLEAR EL “NO” EN LAS OCASIONES QUE HAGAN FALTA DE VERDAD

Como se expresado, uno de los motivos por los que surgen las pataletas son que les den una negativa, por lo que es muy recomendable reservar el “NO” para las situaciones que realmente lo requieran. Las ordenes o normas se pueden exponer de forma positiva y reservar las negativas para ocasiones en las que corra algún riesgo, se trata de cambiar lo que “no puede” hacer por lo que “sí puede” hacer. Por ejemplo, en lugar de decirle “no se salta en el sofá”, se le puede decir, “se salta en el suelo”, y nos aseguramos de que lo ha entendido preguntando a continuación “dónde puede saltar”. Recordad que el “NO” se puede decir con cariño también.

DAR OPCIONES PERMITIENDO ELEGIR AL PEQUE

Para no chocar contra su necesidad de independencia, con mucha frecuencia suele bastar con dejarle elegir, por ejemplo, “te quieres bañar antes o después de cenar”.

CAMBIAR EL FOCO DE ATENCIÓN DE LO QUE “NO SE PUEDE” A LO QUE “SÍ SE PUEDE”

Cuando empiezan las pataletas todavía los peques son muy dependientes del estímulo por lo que no suele costar distraerlos de lo que no pueden hacer hacia otra actividad agradable para los peques.

ANTES DE PONER UN LÍMITE O NORMA ASEGURARSE DE QUE ES NECESARIA PARA SU APRENDIZAJE

En muchas ocasiones es mejor valorar si el límite conviene ponerlo, pues por lo general hay situaciones que no poseen la importancia suficiente como para provocar una situación de estrés.

Algunas recomendaciones para manejar las pataletas:

MANTENER LA CALMA, PUES SOIS MODELOS A IMITAR Y DE LOS QUE APRENDER

No se debe responder de forma alterada, se debe mantener la calma. Esto es así porque la reacción de los adultos les sirve de lección sobre cómo afrontar un conflicto, se les debe mostrar que todo es mejor si se habla con tranquilidad, y porque, si percibe que altera a los adultos o capta su atención, aprenderá que es un medio para conseguir lo que desea, como atención por ejemplo.

IGNORAR AL PEQUE CUANDO ESTÉ CON UNA PATALETA

El objetivo de las pataletas, como se comentó es una forma de llamar la atención, de conseguir algo o de evitar responsabilidades. Mientras está con la pataleta no se puede razonar con ellos, por lo que no es recomendable darle lo que quiere e ignorarlo hasta que se calme, ya que nuestro objetivo es que aprenda que la pataleta no conduce a nada y no cambia la forma de pensar sobre algo. De forma que, durante la rabieta, no se le presta atención, ni se le calma, ni se le mira, ni se le grita, ni se le pega o castiga, recordad que NO ESTÁ HACIENDO NADA MALO. Es recomendable validar su enfado y alejarse un poco hasta que se calme y seguir haciendo lo que se estaba haciendo, por ejemplo, se le puede decir “veo que estas muy molesto, voy a apartarme un poco para que te calmes, y cuando se te pase hablamos” y seguir con la actividad que estaba realizando sin prestar atención hasta que se calme y se puedan explorar con los peques otras formas de expresar la frustración.

AISLAR EN CASO DE INSEGURIDAD PARA EL PEQUE

En el caso de que se pueda hacer daño a sí mismo o a los demás es recomendable llevarle al “sitio de pensar” (lugar seguro) para calmarse y dejarlo un par de minutos hasta que se tranquilice (Los expertos recomiendan que se les deje un minuto por año más o menos, no debiendo dejarle más de 5 minutos en el sitio de pensar). Sin embargo en muchas ocasiones no se le puede llevar a un lugar seguro, entonces se le puede abrazar con firmeza para impedir los daños, pero se le abraza sin hablarle ni chillarle y esperando calmadamente a que se le pase.

NO CEDER AL PROPÓSITO DE LA PATALETA

Es importante mantenerse firme aunque su llanto sea un suplicio y agote la paciencia, pues al ceder se enseña al peque que la pataleta es un buen medio para conseguir lo que quiere.

EN LUGARES PÚBLICOS

Los niños son expertos en “montar numeritos” cuando estamos en público. En estos casos es más complicado mantener la calma y parece que alrededor siempre aparece algún “supereducador” que hace algún comentario sobre lo que se tiene que hacer del tipo “el pobre como llora, déjale que se quede un poco más o cómpraselo…”, pero es relevante seguir las pautas anteriores y tener una frase preparada para esos “supereducadores” del tipo “gracias por su interés pero no hay ningún problema” y poder seguir a lo de uno.

CUANDO EL PEQUE SE CALME

Es recomendable abrazarle y hablarle con cariño validando sus emociones pero no su expresión, por ejemplo decirle que se le quiere mucho y se entiende que este molesto, pero esos comportamientos no se hacen en esta familia, que en casa los problemas se hablan. Aunque al principio no pueden emplear el lenguaje para expresar sus emociones es recomendable empezar a estimularles para ello.

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