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PAUTAS PARA EL INICIO ESCOLAR Y EL MANEJO DE LA ANSIEDAD POR SEPARACIÓN EN MENORES DE 6 AÑOS.


Nacemos indefensos, con escasos recursos para hacer frente a los cambios y necesitados de cuidado de los adultos para sobrevivir. Sin embargo, a medida que vamos creciendo y aumenta nuestra curiosidad y autonomía aparecen mecanismos de supervivencia con los que nos ha dotado la evolución y garantizan nuestra seguridad, entre estos mecanismos están la ansiedad por separación y el miedo a las situaciones extrañas, que actúan como un freno que nos protege de ser víctimas de accidentes o violencia al alejarnos del cuidador. Imaginad hace miles de años, cuando éramos cazadores-recolectores, alimento para los depredadores y competíamos con otros grupos y tribus por los recursos y la subsistencia. En esas circunstancias, la ansiedad por separación impulsaba a los niños y niñas a mantenerse cerca y a alejarse de situaciones peligrosas, lo que prevenía que fueran devorados, cayeran por desniveles, perecieran de inanición o frío, fueran secuestrados...

La ansiedad por separación está presente desde el primer año de vida, ya a las 7 semanas del nacimiento, el bebé muestra ansiedad al separarse de cualquier persona y en torno al 7º mes, exhibe ansiedad cuando se separa de la madre en particular. A partir de entonces aumenta la intensidad y frecuencia de dicha ansiedad por separación hasta los 2 o 3 años, no obstante, a partir de ese momento comienza a disminuir progresivamente hasta los 5-6 años manteniéndose así durante toda la infancia.

¡¡¡¡OJO!!!! porque experiencias negativas de separación y una mala respuesta del entorno puede mantener e intensificar la ansiedad más convirtiéndose un mecanismo adaptativo en un problema para los peques a largo plazo.

De forma que los niños están predispuestos a sentirse confusos ante situaciones extrañas y a buscar la seguridad de sus cuidadores, manifestando su malestar ante la separación de su fuente de seguridad en forma de rabietas, rechazos, llanto…. Esa confusión o malestar por la separación no lo saben expresar de otra manera, pues no es hasta los 3-4 años cuando se empieza a usar el lenguaje verbal con cierta efectividad para regular las emociones y conducta. Los niños son expertos captando el ambiente emocional de las situaciones, interpretando los sucesos según lo que los adultos les transmitan sobre la situación. Pensad en un viaje en avión, de repente pasáis por una zona de turbulencias y veis que las azafatas están inquietas pero mencionan que no ocurre nada, ¿qué pensaríais sobre la seguridad del vuelo? ¿Con qué mensaje os quedaríais, el verbal o el no verbal?. Con los niños ocurre lo mismo, en situaciones ambiguas van a observar la información emocional que les transmiten los adultos, y en base a ella interpretarán como peligrosa o segura una determinada situación.

El inicio escolar es un cambio que puede activar esos mecanismos de supervivencia, y según la respuesta del adulto que se ofrezca ante la ansiedad de separación del niño, éste experimentará como algo positivo o negativo el cambio y superará su ansiedad por separación o ésta se mantendrá a pesar de que las situaciones no sean un peligro para los menores.

Entonces, qué pueden hacer los papás y mamás para favorecer la adaptación de los peques a los cambios.

El objetivo a perseguir por los cuidadores es 1) hacer conocido lo desconocido familiarizando al peque con lo que es ir a cole, 2) facilitar la autonomía y desapego del peque fomentando pequeñas separaciones y reforzando logros, y 3) no contagiar emociones negativas que generen desconfianza ofreciendo seguridad y siendo importantísima la actitud ante la despedida. Para alcanzar el objetivo se recomienda:

- Evitar las prisas antes de ir al cole ajustando el horario y las rutinas (levantarse, asearse, vestirse, desayunar...) al al horario escolar para que el cambio sea menos drástico y estar más preparado.

- Prepararles mentalmente, para lo que se debe hablar positivamente para los peques y no para uno mismo. No se debe hablar delante de los peques las bondades para los padres que tiene el ir a la guardería (tenemos que trabajar...) pero sí que hay que señalar las bondades para el peque como que va hacer amiguitos, va a aprender mucho, va a jugar, a cantar, a bailar, a escuchar cuentos, se lo pasará genial…

- Prepararse los padres y madres pues el apego también os afecta. No solo a los peques les cuesta separarse de sus papás, también a los papás les cuesta separarse de sus hijos. Es esperable que se les eche de menos, pensar en cada momento que estará haciendo o cómo estará, todos estos pensamientos son manifestaciones de ansiedad que llevan a sobreproteger y a transmitir inseguridad además de hacernos sentir mal, e incluso en ocasiones culpables. Es muy importante desechar estos pensamientos lo antes posible, aunque sean comunes, pensando en que se hace por su bien, que le va permitir disfrutar de esas ventajas que ofrece el asistir al cole (fomenta el desarrollo social, emocional, intelectual, físico, del lenguaje, la autonomía).

- Promover experiencias positivas de separación de la mamá, por ejemplo, que pase tiempo con otros familiares, el asistir a la guarde.... Estas separaciones de la mamá, como cuando se queda con los abuelos, harán que se reduzca la ansiedad de separación al ir habituando al menor.

- Cuidar las despedidas al dejarles en el cole evitando transmitir inseguridad y reforzando la confianza de los peques. Proveer una despedida cariñosa, breve y rápida, pero nunca irse sin despedirse o a escondidas podría generar sensación de abandono e inseguridad. Es recomendable una sola despedida, evitando consolarle, comprobar que se calmó o esperar a que se calme pues, como se comentó, el llanto es normal, es su forma de manifestar sus preocupaciones y miedos a falta de un lenguaje, pero es necesario autocontrolarse para no prestar más atención de la debida a esos comportamientos, pues dar más atención de la necesaria significa confirmarles sus miedos y enseñarles que esos comportamientos son útiles para reclamar vuestra atención. Ante el llanto desconsolado, continúa con tu idea de despedida breve, repítele el adiós y aléjate, sin liarte a justificar por qué le dejas, ni mentirle con excusas del tipo “sólo será un ratito”. Piensa que lo más probable es que a los cinco minutos se haya calmado y esté jugando tranquilamente con sus compañeros y disfrutando. Lo que sí puedes hacer para ayudarle, puesto que a esa edad los niños no tienen interiorizado el concepto de tiempo como los adultos, es darle una referencia clara de cuándo volverás, algo así como “mamá vendrá después de comer” o “cuando te levantes de la siesta”.

- Cuidar las recogidas y los momentos después de estar en el colegio. Ser puntuales en la recogida y reforzar sus logros prestándole atención a su regreso. Para ello hay que dedicar tiempo jugando con ellos, animarles a que te cuenten sus experiencias de aprendizaje en el cole, muestra alegría ante sus logros y avances, interésate por las actividades realizadas en el cole (canciones nuevas, cuentos, colores, números, ) para fortalecerlas en casa, , no olvidarse el fin de semana de seguir mostrando interés por lo aprendido y reforzarlo.

- Mantener buenas rutinas en el hogar mediante el establecimiento de horarios, ya que las rutinas ofrecen seguridad en los niños, bueno y en los adultos también, estas rutinas deben de reforzar y estar orientadas a los aprendizajes y desarrollo de la autonomía asumiendo responsabilidades acordes a su edad.

- No ceder a sus chantajes (rabietas, llanto, vómitos). Los peques pueden mostrar reacciones normales de rechazo al cole o a separarse de mamá que pueden inquietaros, en esos casos consultar con los profes, están muy habituados a tratar con niños de su edad y saben distinguir si existe un problema o no. Las reacciones más frecuentes pueden ser:

+ Llantos y rabietas

Son muy comunes y no hay que preocuparse por ellos pues son las formas de desahogo y expresar molestia de los peques cuando aún no pueden emplear el lenguaje para regular sus estados emocionales y expresarlos de forma alternativa (a partir de los 5-6 años aumenta dicha capacidad).

+ Provocarse el vómito

Una reacción típica de los primeros días, por la que los peques llegan a vomitar debido a los nervios que les atenazan. Impresiona, pero no es grave, por lo que se debe actuar con naturalidad y no ceder a sus peticiones, pues pueden llegar a emplear el vómito autoprovocado por las ganancias secundarias que obtienen (no ir al cole, atención de los papas…)

+ Regresiones

Se presentan en forma de retrocesos en en el aprendizaje propio de las distintas etapas del desarrollo que ya tenía consolidados, como el control de esfínteres o dormir de un tirón por la noche en su cama, por ejemplo. La regresión en origen no es voluntaria pero se torna en una forma muy habitual de llamar la atención, por lo tanto, con paciencia y naturalidad, no se debe de prestar más atención de la necesaria y poco a poco las aguas irán volviendo a su cauce. Por ejemplo, si ya duerme solo, no ceder a dormir con el peque.

+ Escusas para no ir

Si tu hijo todas las mañanas se queja de que le duele algo para no ir a la escuela, explícale que no pasa nada especial para que se encuentre mal y desvía su atención hacia un tema que sabes que le gusta. Luego, focaliza la conversación hacia los aspectos más positivos del colegio. Puedes hacerlo con cuentos o explicándole cómo fueron tus primeros días de escuela.

+ Mal humor

Si vas a recoger a tu hijo con toda la ilusión del mundo y él está de un humor de perros, enfadado contigo y sin ganas de hablar, piensa que es comprensible dado que te echa de menos y el gran esfuerzo y cansancio que supone la jornada escolar, por lo que dale tiempo para que se habitúe al entorno escolar. No obstante, ten en cuenta que a pesar de que tu hijo ya esté feliz en el cole, no es raro que llore en momentos determinados, por ejemplo, los lunes suelen ser días críticos para muchos niños. Y también la vuelta al cole después de un periodo sin ir, como las vacaciones de Navidad o una convalecencia en casa.

+ Rechazo a los padres

A veces los niños reaccionan ignorando a sus padres o rechazándolos como forma de expresar su frustración por tener que quedarse en el cole a la fuerza. Si tu hijo lo hace te sentirás herida, pero no te enfades. Cambia de tema y sigue con vuestras rutinas, poco a poco se le pasará.


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